'El ERE de TVE fue una malversación de fondos públicos'

11:43 Claudia Mañas 0 Comments

Entrevista: Claudia Mañas.

El zumo de un limón en ayunas es su receta para cuidarse por dentro, ¿tendrá también la receta para haber dado sentido a la palabra ‘periodista’ y conseguir avalarlo con cuatro décadas en la profesión? Entrevistamos a Rosa María Calaf para que, desde su experiencia a lo largo del mundo y de la línea del tiempo,  nos cuente su visión de una profesión que se ha deshonrado a sí misma y los porqués de la cuestión.

                                                                                              Fotografía: Alberto Fanego.





Llevas más de cuarenta años en la profesión, ¿El periodista se hace o se nace? ¿Es posible jubilarse del periodismo?

El periodista creo que nace, que no se hace, pero que también por otra parte sí tiene que ver la formación porque obviamente nadie nace aprendido, pero tiene que haber unas condiciones naturales como ha de haberlas para un actor o un médico o cualquier profesión. Y sobre todo es una profesión que es de servicio. En periodismo hay que tener algo que te empuje a ello, pero luego sí que hay que construirlo.No se puede hacer algo de la nada.

Y desde luego que yo no puedo entender que alguien pueda jubilarse de ser periodista porque precisamente creo que como forma parte de tu manera de ser, para mi es una forma de vida. Yo no me siento para nada jubilada, hago montones de cosas que son otras maneras de estar en el periodismo.

Tú que has trabajado en la televisión sobre todo, habrás notado que estamos acostumbrados a ver últimamente que los titulares empiezan siempre: ‘han muerto no sé cuántas personas en no sé qué desastre, como un banalizando un poco el acontecimiento [convirtiéndolo en números]. Y la gente puede acostumbrarse y decir ‘ah, mira, otro desastre más’, ¿crees que la televisión está sirviendo más al entretenimiento que a la información propiamente dicha?

Sí, ahora sí. Generalizar siempre es muy arriesgado, pero digamos que como tendencia me parece que cada vez más vamos al famoso infoentretenimiento’. Si tú transformas todo en números lo deshumanizas. Y por otra parte, es interesante que la gente se dé cuenta de que si tú saturas, evidentemente se pierde interés, se pierde esa conexión. Y de hecho hay estudiado  un síndrome llamado ‘de la piedad cansada’, a base de contarte muchas cosas malas (catástrofes, tragedias, conflictos), llega un momento en que ya no puedes asumir más y esa compasión y empatía que puedes tener se neutraliza.

Entonces, ¿si hubiera otra manera de contar las cosas no ocurriría eso?

Sí, claro. El problema que está viviendo el periodismo en general, que siempre lo ha tenido difícil porque siempre ha ido contracorriente, es eso de que la noticia es esa cosa que el protagonista no suele querer que se cuente. Ahora ha habido una acumulación de supuesta información provocada por la facilidad que da la tecnología, tienes información que se escupe por todo tu alrededor,  y una aceleración porque la tecnología permite esa velocidad. Todo ello desvirtúa la información, desvirtúa la calidad del producto.

Se habla de ‘infoxicación incluso’

Claro,  porque es como si de pronto te lanzan un barril de comida, vas a ser incapaz de digerirla, porque si no te han enseñado antes no vas a ser capaz de separar lo que puedes comer de lo que no. Este ejemplo es perfectamente aplicable al periodismo porque mientras uno alimenta el cuerpo, el otro alimenta en cuerpo social y alimenta el alma, al ser humano como persona. Esa profusión de producto que lanzan en avalancha hace que no seas capaz de digerirlo ni de identificar lo que es bueno de lo que es malo.

Hablaste en Vanity Fair de ciertos personajes televisivos que no contribuyen a que el periodismo sea una profesión bien vista.

Yo nunca hablé de personas y se me preguntó directamente por el fenómeno Sara Carbonero. Esto es un ejemplo: ¿lo que se hace es periodismo o espectáculo? Hablamos de si la fama de un periodista tiene una equivalencia con la calidad del trabajo. ¿Es la mejor periodista deportiva? Esa es la única pregunta que hay que hacerse. Se montó ese follón porque se banaliza, porque lo que se busca es la confrontación. Yo nunca arremetí contra ella directamente, yo opino que eso no es hacer periodismo, aunque cada uno puede elegir hacer lo que desee, pero yo interpreto que eso no es hacer periodismo. El hecho de que se mezcle el espectáculo con el periodismo, eso es lo que nos debe preocupar, no si yo estoy de acuerdo o no con una forma de hacer periodismo o si ella está de acuerdo conmigo, nosotras no tenemos ninguna importancia.

¿Crees que está justificado en cierto modo el desprestigio que tiene el periodismo?

Sí, porque nos hemos ganado a pulso el haber cedido en bajar el listón de servicio y de calidad y realmente de responder a aquello para lo que está el periodismo: para hacer visible lo invisible.Ahora da la impresión de que el periodismo está como rendido a una serie de intereses que no tienen nada que ver con la función periodística. Es importante no aislarlo del contexto social, porque el periodismo es un aspecto más de la construcción de sociedad. Si estamos construyendo una sociedad que todo lo mercantiliza, en la que nada tiene valor y a todo se le puede poner precio, pues el periodismo entra dentro de esa construcción. El periodismo participa de una doble manera: sufre las consecuencias de esta acción social pero está en la causa, en el origen. Porque el periodismo construye opinión pública, la TV crea modelos sociales: crea una sociedad banal, irreflexiva, del culto a la inmediatez, de no respeto por los hechos… Pero luego sufre el que haya construido esa sociedad.

O sea, que ¿está también en su mano remediarlo?

Por supuesto que sí, no sólo está en su mano, es que es su obligación. Su obligación como parte de construcción de la sociedad es recuperar la moralidad y la vocación de servicio. Porque si no, le podemos llamar comunicación, pero eso no es periodismo. El hecho de que a algunos periodistas se nos quiera convertir en lectores de comunicados, en comparsas de ruedas de prensa sin preguntas, en puro altavoz de declaraciones que te dan hechas, todo eso significa que no estamos haciendo nuestro trabajo. Tiene que cumplir una función de control, de denuncia, de loa, de ejemplo. ¿Por qué siempre sólo se cuenta lo malo? Lo bueno que ocurre también podría dar impulso y ejemplo. Todo eso son funciones que tiene que ejercer el periodismo y que ha abandonado; y tiene que recuperarlo.

Pero sí que es verdad que cuando se cuentan noticias buenas, más positivas, se cuentan más desde el punto de vista del entretenimiento, no con toda la profesionalidad o dedicándoles el mismo espacio que a otras. Y de hecho, cuando hay acciones, grupos o movimientos que despuntan, en seguida se les criminaliza.

Desde hace ya un montón de años tenemos un diseño social de las grandes corporaciones que quieren sociedades de personas que consuman, no de ciudadanos que piensen. Se va a construir una sociedad que no tenga una capacidad crítica. Y en eso tenemos mucha culpa los periodistas y por eso debemos de recuperar esa capacidad crítica.

¿Entonces qué ocurre? Algo que es de manual: la forma más fácil de neutralizar y eliminar una fuerza que se te opone es desacreditarla, porque si la criminalizas, la desacreditas, ¿qué consigues? Que pierda influencia. Pero tú realmente no tienes una sociedad que tiene la capacidad de pararse a pensar sobre si lo que le dicen es verdad. Si construyes una sociedad en que consumir es prioritario, entonces no es prioritaria la libertad, defender los derechos, creas una sociedad individualista, en la que cada uno va a por sí mismo, mucho más fácil de manejar. Es mucho más fácil manejar una sociedad individualista que una sociedad que tenga una idea de bien común. Y cuando dices estas cosas, en seguida te lo tratan de encuadrar en ideologías: antisistema, de izquierdas, de derechas. No, no, no, no. Esto no tiene nada que ver; esto es poner al ser humano en el centro del interéspuesto que el mundo está hecho de personas.

Y cuando tenemos dudas porque vemos que están criminalizando al grupo tal o al grupo tal la pregunta que hay que hacerse es ¿a quién beneficia?

¿Crees que personajes como Jordi Évole contribuyen? ¿Crees que un periodista debe ser tan incisivo?

Yo creo que ayuda muchísimo, es el único que está preguntando lo que hay que preguntar. El tema es que hay que tener en cuenta qué tipo de programa es, que tiene un componente de no profundizar. Eso no es un programa debate, informativo en profundidad sobre X. Pero es un programa que pone el dedo donde hay que ponerlo.

¿No crees que quizás el periodista en ese caso está obteniendo demasiado protagonismo? ¿No crees que quizá debería ser más transparente?

Ahí el problema está en la mezcla de género. Por una parte a la empresa periodística en este momento le interesa eso, pero su fin último es que el programa se vea.

O sea que en cierto sentido ¿está presionado?

Es que hemos creado una cultura individualista en la que la información tiene una estética cinematográfica, y te das cuenta cuando ves todos los periodistas que están en conflictos permanentemente disfrazados de reportero intrépido. Hay veces que hay que estarlo, pero en la mayoría de los casos en los que se sale así no es necesario. Como las reporteras con el velo en los países islámicos; hay veces que es necesario y hay veces que no. Se le añade un elemento de espectáculo.

dentro de esa tendencia de crear una información ‘espectacularizada’, uno del os ingredientes es personalizar en el periodista, porque entonces el periodista hace ‘el papel de periodista’. Porque el periodista no tiene por qué salir para nada; lo que importa es lo que tú preguntas y lo que tú planteas. A mí me decían que yo salía poco en mis historias. Y yo me preguntaba, ¿para qué? El que me ve ya sabe que soy yo, ya sabe qué fuente tiene; confiará o no confiará, pero no tiene que estarme viendo. Hay esa tendencia porque entra en esa dinámica de hacer un periodismo de plató.

¿Piensas que si te hubieras negado a hacerlo, igual habrían preferido escoger a otro periodista?

Probablemente, sí. A mí TVE nunca me ha obligado a hacer algo que no quisiera hacer. La realidad es que se ha prescindido de la gente mayor de las redacciones bajo una justificación económica, es que somos muy incómodos, menos dóciles. Esto entra dentro de ese deterioro de la profesión, que lo que conduce es a un peor resultado, a dañar directamente la calidad informativa.

Cuando empezó todo lo del ERE yo fui muy crítica públicamente. Me parece una malversación de fondos públicos: se invierte en unas personas que cuando les puedes sacar el rendimiento prescindes de ellas. Ya no sólo en la pantalla, sino como formación de la gente que viene, porque nadie hemos nacido enseñados y todos tenemos que aprender de alguien que sabe más. Y por supuesto que los jóvenes tienen que estar, pero tiene que haber un engranaje: el que llega con todo lo nuevo que aporta pero con la experiencia del que está. Si pones el ejemplo de la medicina, cualquier persona querría que le operara un médico que lleva cuarenta años antes que un cirujano que lleva año y medio de prácticas.

Antes has mencionado el tema de cuando las periodistas van a un país árabe y se ponen un pañuelo. ¿Crees que te puedes aproximar más fácilmente a la gente si te identifican como prensa o si de entrada no piensan que seas periodista?

Cada situación es cada situación, pero la tendencia general de ahora, como la prensa está tan desacreditada, es que muchas veces sea un problema. Pero además ahora hay mucho intrusismo en la buena práctica y si tú por ejemplo ahora llegas a un conflicto donde hay víctimas, tu labor es minimizar esos daños, tú con tu información estás al servicio de las víctimas, no las víctimas al servicio de tu crónica. Y eso se ha pervertido también. No puedes llegar a una situación en la que las personas están en desamparo y en angustia total y que el periodista llegue ahí y meta el micro sin preguntarle cómo está. Tú primero tienes que conectar con esa persona respetuosamente y tienes que poder protegerle de sí mismo si ves que va a perjudicarle lo que te diga.

¿Crees entonces que el periodista debe involucrarse en las causas a las que sirve o que debe permanecer más separado para verlo todo de una manera amplia y objetiva?

Yo creo que tienes que tomar perspectiva, pero que de alguna manera es imposible no involucrarse.Tienes que mantener siempre la distancia para no convertirte en militante. Tú tienes que tratar de reflejar la causa lo más adecuadamente posible, pero está claro que no puedes estar actuando igual con los verdugos que con las víctimas. Ahora, de eso a que pase como en Chechenia que decían que no les hacía falta ningún departamento de propaganda porque ya la mayoría de la prensa extranjera lo hacía por ellos… Eso es terrible.
Sí creo que es imposible hacer una buena información si tú realmente no te acercas a las personas y a sus problemas y eres capaz de ponerte en su lugar.

En esta línea, ¿crees que el periodista debe tener una ética firme o que, por el contrario, la ética puede suponerte un freno en determinados momentos?

Creo que el gran problema que tenemos ahora en esta sociedad que hemos construido es que hemos desactivado la ética, no sólo en el periodismo. Mires por donde mires, el comportamiento ético es esencial en todos los hechos de la vida. Si no, construyes una sociedad salvaje. La ética va primero. Lo importante no es llegar el primero, sino no perjudicar a las personas por tu trabajo.

En cierto modo, ¿la ética es cómo un freno positivo?

Claro. Ahora, si a ti te educan en un tipo de sociedad en la que la ética no está presente, tú no tienes ese reflejo. Cuando se habla de que los jóvenes sois unos descerebrados, no es verdad. Pero aun suponiendo que haya una tendencia de que eso sea así, eso no lo habéis inventado vosotros, eso se os ha dado; se os ha dado ese marco. Es más difícil controlar a una juventud que sale a la calle a reclamar sus derechos que a otra que esté pendiente del botellón del fin de semana y de tener el último móvil.

¿Hay que negarse al progreso y a la tecnología? No: hay que exigir un progreso y una tecnología responsable. El progreso, nunca puede ser a costa de una vida digna y de una sociedad justa. Eso hay que explicarlo, porque el ser humano no nace con estas ideas y, si lo hace, es inmediatamente pervertido.

Tú que has cubierto tantos conflictos, ¿el periodista está suficientemente protegido en estas zonas de guerra o vais tú y tu instinto a la aventura?

Ese es otro de los grandes problemas ahora. Una guerra siempre es un lugar peligroso, por eso creo creo que nunca hay que glorificar ni hacer todo este ruido mediático cuando a un periodista le sucede algo, porque es un drama pero también un gaje del oficio: es una profesión de riesgo y nadie te obliga a ir. Habría que hacer mucho más ruido cuando caen periodistas locales que no se dice nunca nada. De los locales, que mueren siempre muchos más, no se habla y tienen muchísimo más mérito: porque ellos están ahí no porque quieren, sino porque están y no se pueden marchar. Pero ese riesgo que hay en una situación de conflicto el periodista lo tiene que tener asumido.

Por otra parte, sí que hay que hacer ruido si el periodista no va con la preparación adecuada, con el equipamiento debido y con los recursos necesarios. Y eso es lo que está pasando ahora, que las empresas periodísticas, por ahorrar, no están enviando gente que sabe o que ha sido entrenada para eso. Va gente que tiene que competir en ‘a ver qué hago más arriesgado que el otro’.

Un periodista muerto no sirve para nada. Un periodista no tiene que demostrar que es valiente, sino que es honesto en su trabajo. Esa es otra de las perversiones del periodismo espectáculo.

Por otra parte, al haber convertido al periodista en protagonista y al haber hecho tanto ruido cuando a un periodista le pasa algo, aquel que quiere llamar la atención va a por el periodista; porque sabe que va a tener mucha más repercusión. Nos hemos convertido en objetivo.

Por otra parte, después de la influencia de la prensa en Vietnam, cuando se empezó a ver que la amplitud de la difusión de los mensajes era tal, los gobiernos decidieron que los periodistas no podían estar viendo lo que está pasando. Entonces ahora tenemos estas guerras que se cubren desde un lado y desde donde te dejan estar. Y no tienes ningún tipo de control sobre lo que estás contando. Hemos convertido también las guerras en un espectáculo visual. Y nos creemos que estamos súper bien informados. Nos hacen creer que estamos informados cuando lo que estamos es entretenidos.

Con este tema de las guerras y los conflictos, tú estás contando un hecho trágico e inhumano incluso. ¿Cómo se puede disfrutar tanto contando algo tan horrible? Porque tu profesión se nutre en cierto modo de las desgracias ajenas.

Totalmente. Lo único que yo no emplearía la palabra ‘disfrutar’, porque yo creo que se sufre una barbaridad; lloras muchísimo. Son situaciones de impotencia y frustración.

Ahora, lo que sí es verdad, es que hay un componente de prepotencia o satisfacción en el sentido de tener la percepción de que estás aportando algo para hacer la diferencia; que será poca o mucha, pero que quizá lo que tú haces pueda marcar un antes y un después para determinadas personas. Esa sensación de utilidad. Por altruismo sólo no es. No es sólo generosidad, porque yo recibo mucho: eso es un intercambio. Hay una parte de querer dar, pensar que aportas algo te da una gran satisfacción. Por tanto, es un ‘toma y daca’.

Como mujer, ¿has visto desprestigiada tu labor o con algún impedimento?

Sí; es verdad que es más difícil. Pero no sólo en el periodismo. En cualquier ámbito en el que se suponga que hay un dominio masculino, esa idea de que la igualdad ya la hemos conseguido es otra falacia para que no sigamos luchando por ella. Porque es mucho más sutil hacerte creer que ya lo has conseguido, que prohibirte: porque prohibirte provoca reacciones mientras que lo primero te deja inutilizada. Pero en este caso, añade que el cuerpo de la mujer es muchas veces campo de batalla: el peligro de violación, ese tipo de connotaciones sexuales las tienen las mujeres. Pero muchas veces es una ventaja; claro que he tenido limitaciones,  pero por otra parte siendo mujer puedes entrar en el ámbito femenino de las comunidades. Y las comunidades se construyen por las mujeres y dentro de ese ámbito te enteras de todo: tú tienes la versión real, la del día a día. En todos estos lugares que son paternalistas, el que por el hecho de ser mujer no te consideren, hace que te dejen meterte por muchos sitios, porque piensan que no pintas nada. Hay que aprovechar esas debilidades.

Pero sí que es verdad que cada vez hay más mujeres y cada vez se está jugando más con el aspecto físico, con llevar la atención a la apariencia. Y eso, si es reivindicativo, vale. Pero si salgo vestida con minifalda porque si no, no me contratan, significa que estoy utilizando eso como sumisión, no como reivindicación. Y esa diferencia es gravísima.

Se está hablando también de la feminización de los conflictos árabes, de que quizá las televisiones españolas han enviado más mujeres a cubrir estas revueltas.

Quizá se han enviado más mujeres por dar ese punto de vista femenino, por resaltar el papel de las mujeres en las revueltas árabes, que ha sido muy activo. Pero en todos esos países hay que hacer un seguimiento, porque se les permite a las mujeres que tengan un papel cuando se las necesita como activistas pero en cuanto cesa eso se pretende que vuelvan a casa y se callen. Hay que ver en qué ha hecho eso que cambien los fundamentos de la estructura social.

¿Habrías querido dedicar tu vida a alguna otra cosa?

Pues no, la verdad. Fíjate que yo hice derecho antes que periodismo y pensaba hacer carrera diplomática, pero enseguida me di cuenta de que lo que yo quería hacer era traer lo de fuera a dentro y en la época en la que España era una dictadura lo iba a poder hacer más como periodista. Y desde que tomé la decisión tuve clarísimo que eso es lo que quería hacer. Y desde luego no volvería a atrás. No cambiaría nada