La obsolescencia programada
El fenómeno de obsolescencia
programada se explica como la reducción deliberada de la vida de un bien para
que éste tenga que ser reemplazado de forma prematura al desistimiento de sus
funciones. Es decir, establecer una fecha de caducidad a los productos ya
comprados (diferente a la de su durabilidad física real), de manera que se
estimule el consumo de bienes nuevos. El concepto lo introdujo Bernard London
tras el crack de 1929 y cambiaba radicalmente la sistemática de producción que
se venía teniendo en el siglo anterior. En los 1800, el valor fundamental que
tenía que tener un producto era su durabilidad. Un producto era bueno cuando
duraba y, por tanto, el valor de calidad se lo otorgaba este rasgo. Dos siglos
más tarde, lo que aporta valor a un producto es su rasgo de novedad, su grado
de innovación. Y esto es exactamente lo que ha cambiado la obsolescencia
programada: el fin de la producción y la
motivación de consumo. 'Con el tiempo se logró reemplazar en la mente de los consumidores
el sentido de calidad o durabilidad por el de belleza estética y moda,
aumentando el precio de los productos y disminuyendo su valorización [1].
La historia de la obsolescencia
programada comienza con una bombilla, cuya vida útil se limitó a 1000 horas (a
pesar de existir patentes de 100 000 horas de duración) por razones de mercado.
Y, sin duda, este fenómeno ha tenido su mayor impacto en el sector tecnológico.
Los casos más sonados son los de las impresoras, que al llegar a cierto número
de documentos impresos, se estropean. Pero este caso es aplicable a todo tipo
de electrodomésticos y aparatos electrónicos (lavadoras, aspiradoras,
lavavajillas, consolas, ordenadores... y
su modus operandi es siempre el mismo: simplemente dejan de funcionar, sin
ningún motivo aparente, y a causa de una pieza que cuesta tanto recambiar, que
por lógica resulta más ventajoso adquirir otro producto similar, pero nuevo. Y
en la era del smartphone, la obsolescencia programada es más apreciable que
nunca: que un teléfono supere los dos años de vida sin dar problemas de
funcionamiento o requerir el arreglo de piezas, será ciencia-ficción.
Sin embargo, la obsolescencia no
se limita al mundo tecnológico, sino que, por estar asociada a bienes de
consumo, se aplica a todo aquello que se pueda comprar. Y el mejor ejemplo de
obsolescencia no tecnológica es la moda. La ropa se ha convertido en uno de los
bienes de consumo más importantes, ya que aporta un valor de distinción e identificación
social a las personas y está al alcance de todos los públicos. Pero la moda no
sólo se aplica a la ropa. Además de estar de moda el estampado de leopardo, un
todoterreno urbano o un smartphone que se sumerge en el agua, la moda (y con
ella, la obsolescencia) llega incluso al mundo de la s mascotas ¿Cuántos perros
de la raza Carlino se ven hoy paseando por el centro de Madrid? ¿Y cuántos
huskys y alaska malamutes (la raza de moda anterior) en las perreras? En este
sentido, podemos decir que la obsolescencia programada tiene varias vertientes:
la incorporada (el producto se estropea por fallo interno en el momento
diseñado por el fabricante), la psicológica (la del deseo por lo nuevo) y la tecnológica
(las actualizaciones del producto constantes y obligatorias). Y las principales
repercusiones de todas ellas se miden por el impacto medioambiental que generan
(economía de 'hacer, comprar, tirar') o por las desigualdades sociales (unos no
tienen acceso a los bienes más básicos, mientras otros renuevan constantemente
bienes considerados de lujo).
Frente a esta postura
insostenible, nace una nueva idea: la economía circular. Se basa en el proceso
'hacer, usar, devolver, volver a hacer, volver a usar' y tiene como base las
premisas de diseño sostenible y reciclaje. Además, se ha creado el certificado
cradle to cradle, una forma de etiquetado de productos que valora unos mínimos
éticos: las características de los componentes de acuerdo a la salud humana y
ambiental, su reciclabilidad o compostabilidad y su fabricación.
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Dejamos el documental 'Comprar, tirar, comprar', que emitió Televisión Española en 2011 sobre la obsolescencia programada.
Fuentes.
– [1] Pablo Fernández – Art. El
principio del fin de la #ObsolescenciaProgramada. 18 noviembre de 2014. Web
IAmbiente.es.


